Lali González, la nueva chica IT latina

Posted by on Ene 10, 2017 in CARIBE NEWS

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“Si atraigo a los hombres, es por mi sentido del humor”

Nació en Paraguay y tiene 29 años. Es actriz, abogada y, desde octubre, una mujer casada. Modificó su acento para hablar como una porteña en el filme El jugador, que protagoniza junto a Alejandro Awada y Pablo Rago. “Podrían haber contratado a una argentina, pero confiaron en mí”, dice orgullosa la nueva chica IT latina.

Debe ser una joda para el show de VideoMatch”, pensó Lali González el día que le acercaron el guión de El jugador. “Mi personaje, Paulina, tenía tanto texto que creí que se trataba de una chica del interior del país. Porque, por lo general, cuando los paraguayos interpretamos a un argentino, hacemos de formoseños o de correntinos, por el tema de la ‘r’”, cuenta. Y continúa: “Hasta que me dijeron: ‘Vas a hacer de porteña’. Lo tomé como un halago. Podrían haber contratado a una actriz argentina, pero confiaron en mí y en mi trabajo”, dice y sonríe. Lo que siguió fue un curso intensivo de actuación, que incluyó desde la pronunciación –“leía con un lápiz en la lengua”– hasta la gestualidad corporal.

“A diferencia de los paraguayos, los argentinos utilizan los gestos como parte del lenguaje. Fue un proceso tan complejo como enriquecedor. Lo positivo, más allá del producto final, es que pude demostrar que el acento se entrena, lo cual abre puertas para el intercambio laboral. Argentina y Paraguay son países hermanos y necesitamos seguir generando coproducciones”, entiende Lali.

A TODO O NADA. No es la primera vez que la actriz se anima a salir de su zona de confort para interpretar a un personaje. Cuando hizo de Liz en 7 cajas (el filme más taquillero de todos los tiempos en su tierra), debió modificar su aspecto por el de una quinceañera (en ese momento andaba en los 25) y dejar de lado el jopará (dialecto paraguayo que mezcla el guaraní y el español) para hablar sólo el guaraní. “Los personajes son como los amores. A aquellos que te hacen sufrir no los olvidás jamás. Por eso creo que a Paulina y a Liz voy a recordarlas siempre: me hicieron ver las estrellas”, bromea.

–A la hora de adueñarte del acento porteño, ¿qué fue lo que más te costó?
–Todas las palabras con “r”, por ejemplo “apostar” y “correr”. Muchos creen que para hablar como porteño sólo hay que decir “yo”, y no es así. Aunque parezca fácil, el porteño no dice “sho”, como nosotros solemos parodiarlo. Además, tuve el apoyo de mis compañeros de elenco y de la producción. Hasta el sonidista estaba pendiente de mi letra, porque los paraguayos tendemos a ir hacia arriba con el acento. Para neutralizar eso, entrené con un órgano. Me tocaban un do (la nota) y yo intentaba hablar en ese tono.

–¿Cómo fue compartir el set con actores argentinos?
–Siempre digo que trabajar con colegas de otros países es un intercambio cultural. En este caso, hacer escenas con Pablo Rago y Alejandro Awada, que tienen una trayectoria inmensa, fue una experiencia increíble. Los dos son buenos compañeros, muy generosos conmigo.

–Si tuvieras que describirlos brevemente, ¿qué dirías de cada uno?
–A Awada lo describiría como un señor misterioso y atractivo. A Rago, como el rey del humor negro.

–¿Tenés alguna técnica para soltarte a la hora de grabar escenas subidas de tono, como la que interpretaste con Alejandro?
–Después de aprender a hablar en porteño, filmar una escena de sexo es una nimiedad (risas). Como la de El jugador no fue la primera de alto voltaje que hice en el cine, me sentí más segura y desinhibida. Entendí que el equipo técnico está concentrado en que todo salga bien y no tanto en el tabú que tiene el público, que siempre se pregunta: “¿Se besan de verdad?”. Mi método es dejarme llevar y confiar en mi compañero. Por suerte, mi marido (N. de la R.: El 29 de octubre se casó en Florianópolis con el productor musical Walter Riveros) me acompaña y entiende que estas cosas son parte de mi trabajo.

–¿Qué es lo que más te elogian los hombres?
–Nunca tuve arrastre con ellos. Si les atraigo es por mi sentido del humor: estoy todo el tiempo haciendo bromas. No digo que sea fea, pero sé que mi forma de ser es mi arma de seducción.

–Para cerrar: ¿mate o tereré?
–Tereré. Aunque en Paraguay mis padres toman mate, yo no lo logré: me quema la garganta. Podemos decir que me convertí casi en una porteña.

Fuente: Gente

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